sábado, 17 de noviembre de 2012

Lo perdurable y deseable

Aldo Carlos Neri, bahiense, fue ministro de Salud de Alfonsín. Luego, diputado nacional (hasta 2005). Distinguido por la Organización Mundial del ramo (OMS), actualmente es vicepresidente de la Asociación Argentina de Políticas Sociales (www.aaps.org).



Recientes conceptos suyos refrescan los ideales de una democracia:

El país destina el 10 por ciento de su Producto Bruto Interno (PBI) a la salud pero hay mucho despilfarro. El 30 por ciento de ese gasto es en medicamentos y esto tiene poco que ver con la salud y las necesidades de la gente. Obviamente, de esta manera se restan recursos para otras actividades. Nosotros, históricamente, somos una sociedad muy consumidora de medicamentos y nos acercamos a los países que sobreconsumen.
Se gasta de más en curación de patologías que son prevenibles. Y no hablo de lo clásico como las enfermedades infecciosas, sino también de las tumorales y cardiovasculares controlables y prevenibles con medidas relacionadas a los hábitos y estilos de vida. Se utiliza mucho dinero en enfermos casi desahuciados, en terapias intensivas para que vivan poco tiempo más y en muy malas condiciones. Si bien la búsqueda del equilibrio es difícil, entiendo que esta realidad hay que discutirla en términos de políticas públicas. La salud pública es un servicio público ya sea estatal, privado, prepago o lo dé quien lo dé.
Venimos deformados por una mentalidad ultraliberal . Una ficción en la que nos quisieron hacer creer que las reglas del mercado podían aplicarse a una nueva salud y una nueva educación. Lo brinde el Estado o el privado, el servicio público que tiene que estar necesariamente regulado para cumplir objetivos de interés social. Salud y educación no pueden ser tributarias del mercado.
El mercado premia a la medicina de la especialidad, la alta tecnología y la competencia. No premia a la atención primaria.Lo correcto sería una atención adecuada y progresiva que resuelva el 80 por ciento de los problemas en el nivel primario y que derivará al especialista sólo aquello que resulte necesario.En nuestro marco esto es muy difícil: uno puede declamar la retórica de la atención primaria pero en la práctica es muy rudimentaria. Reitero, la lógica de la mercantilización invade también el sistema de obras sociales y de allí la diferencia de planes para el trabajador y su familia. Esto impide una organización progresiva tanto humana como científicamente válida de la medicina.