miércoles, 27 de junio de 2007

Agotamiento democrático


La globalización de los poderes corrompe y esteriliza a los mandatarios genuinos. La debilitación de las soberanías envilece a sus terminales fundamentales: los gobiernos que están cara a cara con el ciudadano.
Hay mayor eficacia presurizadora desde los organismos externos (públicos y privados) que la de las demandas del vecindario comunal.
El caso de Bahía Blanca, distrito de menos de 300 mil habitantes, muestra cómo alcanza prioridad una obra multimillonaria que beneficia a empresas privadas (una estación de ómnibus de larga distancia) por sobre el sistema de transporte intraurbano, muy cercano a su quiebra.
Enseña, en otro plano (el de la justicia de faltas) cuánto se desnaturaliza un esquema que castiga pecuniariamente al infractor perdiendo la equidad, abono esencial de lo justo (por la creciente diferencia entre pudientes e impudientes).
El agotamiento de la democracia, el irracional abandono de su cultivo y expansión, ha negado los canales de discusión y progreso social.

Hay evidentes muestras relativas al distanciamiento que progresa entre requerimientos populares y políticas y estrategias de los gobiernos vecinales.
Dolos y falencias de las estructuras políticas estatales alejan a las acciones de los municipios de la resolución de necesidades esenciales de la población. Pareciera que todas las herramientas de la sociedad están orientadas a reforzar los poderes ilegítimos.