miércoles, 24 de julio de 2013

El Cabildo nuestro de cada día

Los concejales bahienses (24, más 12 suplentes) conforman el Cabildo del partido bahiense. Distribuyen su trabajo en comisiones y designan periódicamente a sus autoridades: presidente, vice y secretarios.
La composición del cuerpo resulta de cada elección bienal.
En agosto, los ediles alcanzarán un aumento del 6% en sus remuneraciones (que ascenderàn otro 8,5% antes de fin de año). Así, cobran actualmente 26.146 pesos cada mes. O sea, un poquito más que el contador general de la comuna y algo menos que los secretarios del intendente.
Estos niveles remunerativos parecen altísimos a primera vista. A la segunda, también.
El nivel percibido por cada concejal es de casi dos veces más que el de un obrero de la Municipalidad, que orilla casi los 6 mil.
Dos temas: por qué tiene que darse tanta diferencia en las remuneraciones y qué representación tienen los integrantes del HCD.



Lo de las diferencias es injustificable. La gente de mayores responsabilidades (cerca del jefe comunal, por caso) pareciera merecer vestirse bien, comer mejor, distraerse más gratamente que un simple trabajador municipal (con su presumible carga de familia).
Por otra parte, con partidos vacíos y cambiantes voluntades de enfilarse con los oficialismos, los candidatos al Concejo se suman en listas escasamente conocidas por el sufragante para acceder a la función pública. El HCD es nada menos, ni menos, que el organismo político esencial de la comunidad. Debería tener una ajustada representación de las fuerzas sociales y comandar definidamente al departamento ejecutivo. A gran distancia de eso, los intendentes surgen por otra vía y disponen de la planta comunal para como mejor les convenga.
Creemos que el intendente tiene que ser el titular del HCD y todo el plantel del Ejecutivo de carrera. Es decir, secretarios concursados y asistidos por los cuerpos de profesionales y técnicos de la ciudad.
A la vez, los ediles deben contar con todo el apoyo asesor que quepa porque todos y cada uno de ellos ocupa un sitio crítico.

Es tiempo de modificar la ley orgànica provincial y promover un cambio que nos de el aire suficiente para sobrevivir en democracia.