domingo, 23 de diciembre de 2007

Para volver a creer



Liquidamos el 2007.
Sobre fin de año estamos sacudidos por la angustia. Y una pobrísima esperanza.
La violencia tiñe cada día nuevo. Acá, en Bahía Blanca.
Ya se escucha, cerca nuestro, “que vengan los muchachos”. O sea, los de los escuadrones de la muerte.
Estamos marchando a una guerra civil. El gobierno parece no saber cómo arreglarlo. Nos tendremos que enfrentar contra los armados. Habrá que llorar a nuestros seres, uno por uno, a medida que los hieran o los maten. ¿Sabremos ahogar la impotencia que crece tras cada robo, cada fallida captura, cada liberación insólita?
Viviremos desconfiando de la policía, cuanto más concentrada más incontrolable.
Tenemos que encauzar todo dentro de las instituciones.
Esta Ciudad tiene un Intendente que es el representante de los vecinos. Tiene concejales, voceros de distintos sectores.
¿Sirve acaso que el Intendente se muestre reclamando ante la Provincia por más seguridad mientras que nada se soluciona? ¿Cuánto provecho ha significado esa comisión de seguridad integrada por las fuerzas vivas bahienses? Quizá, los carteles de vidriera que reclaman seguridad.
No. El Intendente y sus funcionarios tienen que estar junto al vecino: al vecino maltratado, al indefenso, al asustado. Tienen que acercarse siempre y mucho para que se sepa que lo que le pasa a alguien es un problema de todos. Que no pueden vivir amenazados después de haber sufrido la violencia. Que tienen derecho a la Justicia y sus recursos de investigación, captura y represión.
Al lado de cada bahiense humillado tienen que cantar “Presente” el Jefe comunal o sus asesores. Esas comisiones tienen que moverse para asistir directamente al desconsuelo y reclamar de la policía la acción forzosa.
Todo el País está pasando por esto. Las grandes diferencias entre pobres y ricos, la enorme concentración de riquezas y oportunidades en pocos, el “todo tiene un precio” o “todo se compra y se vende”, la vergonzante impunidad, abonan una frustrada y agnóstica actitud hacia la República.
Empecemos por las ciudades y los pueblos acercando al funcionario a quien más lo necesita. No, para hacer negocios. Para sobrevivir, nada más.